¡NI UNA MENOS!  ¡VIVAS Y LIBRES NOS QUEREMOS!  ¡Tamara PRESENTE, ahora y siempre!

1.

La patriarcal  justicia dictó la impunidad.

Estaba planificado: se presentía en los acorazados policías negros, en sus escudos, en las vallas que interrumpen el tránsito, en las cerradas ventanas del edificio Patono, en la sala de debate donde una uniformada línea de contención “protegía” (¿de quién?)  a sus señorías. Al mediodía se verbalizó en una breve y casi silenciosa lectura desde el estrado: el Tribunal Oral Penal N° 1 absolvía a Raúl Escalante…

A Tamara Zalazar la descartaron como basura, y entre basura hallaron su cuerpo flotando en las sórdidas aguas de una alcantarilla de la ruta provincial 5, esa siesta del 13 de enero de 2016.  Tenía 19 años, una piba del barrio San Marcos y también una madre adolescente. Escalante fue detenido seis días después y tras un allanamiento en su casa de Palmar Grande, a 122 kilómetros de la ciudad de Corrientes. En abril de 2017 fue procesado luego de que un peritaje genético determinara que los restos de semen hallados en el cuerpo de la víctima portaban su ADN.    

Mujeres enfrentándose a policías, sólo con sus gritos y un puñado de piedras: toda la furia de tantas hermanas golpeadas, violadas y asesinadas.

Los medios hegemónicos y el periodismo movilero (esos mismos que encubren al violador Federico Soto y se sacan fotos con él en asados) se dedicaron a hurgar en el dolor de la madre, la hermana y el padre de la Tamara, direccionando su bronca para montar un espectáculo que los hacía quedar como lxs violentxs. Hablaban de “máxima tensión”, “disturbios” y “gente fuera de sí”. Otros, desde el estudio, se preocupaban por el prolongado corte de tránsito y lxs estudiantes del Yapeyú (ubicado a media cuadra). Lucrar con el dolor no es novedad en el periodismo correntino, la desgracia vende pero se termina a la siesta. Todo se terminó a la siesta, las radios dejaron de transmitir. A esa hora el llanto y la indignación ya no eran noticia.

Se olvidaron de los jueces, de las juezas en realidad,  ya que son dos mujeres las integrantes del Tribunal Oral Penal N° 1, que acaban de absolver a Escalante. ¿Acaso eso no es violencia? ¿No es violento el premeditado operativo policial? ¿No es violento dejar un femicidio impune?  Cuando el poder judicial no da respuesta ¿Qué nos queda? ¿Cómo manejamos la rabia?

Revolvía el estómago ver a la familia llena de bronca tirando cosas contra un edificio repleto de policías: exigiendo que esa institución tan impoluta cumpla con lo que debería hacer. El derecho, esa balanza que decide que es violencia. Para estxs jueces la violencia no estuvo en ese oscuro momento, tampoco negar justicia, pero sí en la iracundia de lxs que estaban afuera del Tribunal.  

Mujeres enfrentándose a policías, sólo con sus gritos y un puñado de piedras: toda la furia de tantas hermanas golpeadas, violadas y asesinadas. Ante ellas, el Estado (sus perros, policías) recibiendo el embate: una acumulación de siglos. Dentro, escondidos como ratas con traje, el fiscal y los magistrados apostaban al cansancio para salir. También Escalante, que ya es un “hombre libre”…

El machismo se encarna no sólo en hombres, también en las mujeres: prueba de ello es el criterio de la jueza Cynthia Godoy Prats, quien presidió el Tribunal que juzgó a Escalante.

Tamara era una piba como Irina López, de 14 años, asesinada en enero pasado en un inquilinato del San Marcos, el mismo barrio donde ella vivía. Irina también era madre: Corrientes figura entre las provincias argentinas con tasas más elevadas de embarazo adolescente, según la UNICEF.

El machismo se encarna no sólo en hombres, también en las mujeres: prueba de ello es el criterio de la jueza Cynthia Godoy Prats, quien presidió el Tribunal que juzgó a Escalante. La magistrada ya había opinado –en el juicio por el femicidio de Eli Verón– que el acusado, Adrián Sosa García, no tuvo intenciones de matar al hacerle estrellar su cabeza contra la pared del departamento céntrico en el que convivían, esa madrugada del 15 de Abril de 2013. Sosa García recibió perpetua en un fallo dividido (Godoy Prats votó en disidencia; opinando que fue un homicidio preterintencional). Al final, el Servicio Penitenciario le facilitó una estadía “Vip” a cambio de $40.000: ahora tiene su propia cabaña con aire acondicionado en la cárcel de mínima seguridad (sin muros) llamada Granja Yatay, ubicada en las afueras de la ciudad de Corrientes.

La sentencia a Escalante fue por voto de la mayoría pero es probable que esta vez haya primado la opinión de Godoy Prats, secundada por la otra mujer que integraba el Tribunal: Ana del Carmen Figueredo. Por antecedentes el vocal hombre, Raúl Guerín, sería el del voto en minoría: él había presidido el tribunal que dictó la primer condena a perpetua por femicidio en la provincia de Corrientes. Pero estas especulaciones son marginales: lo central es que hay un femicida suelto, otro más (como Daniel Borlicher)  que anda suelto…

El lunes 7 de mayo darán a conocer los fundamentos del fallo. Ante este nuevo ejemplo del carácter machista/patriarcal del estado y sus instituciones sólo nos queda la resistencia y la acción directa feministas.

¿Quién mató a Tamara Zalazar?

La mató Raúl Escalante pero también la mató esta sociedad machista y su justicia patriarcal. Y los medios y periodistas cómplices lo (en)cubrieron con un insensible show de ajeno dolor humanx.

2.

Hoy, jueves 26 de abril, las redes sociales se han llenado de imágenes de repudio hacia la justicia machista y patriarcal. Esto es, en gran parte, porque se ha dictado la sentencia a los violadores españoles a los que se conoce como ‘La Manada’. En el contexto internacional, esta noticia generó mucha indignación: los acusados bajo la figura de violación grupal a una joven en los Sanfermines de 2016 (José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Antonio Manuel Guerrero, Jesús Escudero y Ángel Boza) han sido condenados a nada más que nueve años de cárcel (en relación al pedido de la Fiscalía de 22 años) por ‘abuso sexual continuado’. Para la justicia española, el hecho de que cinco hombres sometan sexualmente a una mujer que iba sola en la vía pública -además de filmarla y tomarle fotos- no ha sido violación, sino ‘abuso’.

La justicia es patriarcal y machista, acá y en todas partes. Al igual que los medios de comunicación y la sociedad

Si nos trasladamos a nuestra realidad local, notamos que la justicia no es muy diferente: hoy, en Corrientes, se sentenció impunidad para Raúl Escalante, el femicida de Tamara Zalazar. Salvando las grandes distancias (tanto geográficas como sociales, políticas y culturales), podemos pensar que existe en común algo que atraviesa estos dos hechos, ocurridos el mismo día en dos hemisferios completamente distintos: el patriarcado.

Una vez más, aquí y allá, las feministas volvemos a elevar nuestros gritos de hartazgo.

La justicia es patriarcal y machista, acá y en todas partes. Al igual que los medios de comunicación y la sociedad. En España se intenta depositar el peso de la culpa en las mujeres: la chica violada en los Sanfermines iba borracha y sola caminando a altas horas de la madrugada. Acá, el fiscal Carlos Lértora insinuó que Tamara ejercía la prostitución según manifestaron familiares al finalizar la última audiencia. Como si alguna de estas afirmaciones, sean verídicas o falsas, justificaran el abuso y la violencia hacia nosotras.

Una vez más, aquí y allá, las feministas volvemos a elevar nuestros gritos de hartazgo. Estamos hartas de que la “justicia” encubra y proteja a los violadores, a los femicidas, a los abusadores. Miles de personas se están manifestando este jueves en ciudades de toda España en protesta por la sentencia judicial dictada a La Manada; en Corrientes, organizaciones sociales, grupos feministas y familiares de Tamara protestan ante el dictamen de impunidad enfrentándose a la policía que protege a violadores y encubridorxs.

Porque cuando atacan a una, saltamos todas:  nosotras somos la verdadera Manada.

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