Por Ivana

He visto y he vivido en carne propia la perversidad del sistema de salud. He visto y he vivido en carne propia el abandono del Estado.

Y ante este panorama, resistimos.

Ese 8 de agosto de 2018 volvía a mi casa de medianoche en el Chaco-Corrientes con mis amigas y compañeras de marcha: masticábamos la sensación del fracaso y derrota. En el camino, otra compa que encontramos en el cole se acerca como buscando consuelo, y nos informaba que en Congreso las organizaciones que acamparon  empezaban a desconcentrar ante la amenaza latente de represión. Sabíamos que no iba a ser, no esta vez.

Empecé a militar el número de las Socorristas. Publicaba estados en Facebook, fotos en Instagram y tuits que invitaban a quienes estaban solas, y soles, a comunicarse con el número de Socorro Rosa Chaco-Ctes. De todas maneras, siempre sentía que algo faltaba.

Llegué. Destapé el vino que había comprado para festejar un nuevo derecho conquistado y me senté a seguir viendo el debate en Senadores: sólo eran palabras e imágenes que pasaban una detrás de otra. Desesperanza. Durante la madrugada, en el momento de la votación, seguía esperando un milagro. Negativo. La ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo no iba a salir.

Lloré mucho. Pensaba que éramos nosotres quienes seguiríamos enterrando cuerpos que, en resistencia, se opondrían a una maternidad forzada, usando métodos insalubres y peligrosos para practicarse un aborto. El Estado, una vez más, nos condenaba a morir en la clandestinidad. Supe que debía ponerle el cuerpo a lo que se venía: sabía que tenía que encontrar la forma de tenderle la mano a mis compañeres.

Empecé a militar el número de las Socorristas. Publicaba estados en Facebook, fotos en Instagram y tuits que invitaban a quienes estaban solas, y soles, a comunicarse con el número de Socorro Rosa Chaco Ctes. De todas maneras, siempre sentía que algo faltaba.

***

Una chica me habla en Facebook, me dice que se comunicó al número pero que estaba sola. Me preguntó si yo la podía acompañar. La amiga de mi hermana, ese mismo día, me llama llorando porque el test de embarazo le dio positivo. Entendí que las casualidades no existen.

Acordamos encuentro con Socorristas y fuimos las cuatro juntas: mi hermana y su amiga, la chica de Facebook y yo. Nos encontramos un jueves al mediodía. Tereré de por medio, las Rosas nos entregaron folletos y nos explicaron punto por punto cómo autogestionarnos un aborto seguro. Nos ofrecieron acompañamiento y nos explicaron que, aún ante el panorama más complicado, ellas sabían qué hacer. Nos dieron alivio.

Mi hermana ofreció la casa de mi mamá para hacerlo, todas juntas. Al jueves siguiente, preparamos toallitas, ibuprofeno, té de manzanilla y bolsas de agua caliente, y nos encontramos al mediodía en el lugar que acordamos. Para la tarde-noche ya habíamos terminado. Cuando terminaron sus procesos, a ambas les dio hambre. Comimos papas fritas y nos reímos viendo videos de internet.

***

Mi primera experiencia como socorrista fue sin ser socorrista, y había sido hermosa, así que cuando me invitaron a formar parte no dudé. El primer encuentro con quienes hoy son mis compañeras fue hermoso, intercambiamos experiencias y lloré contando la mía. Me enseñaron todo lo que sabían: leer ecografías, atender señales de alerta, qué hacer cuando todo se complica. Cómo cuidarnos entre nosotras y cuidar a nuestras socorridas. Cómo hacer acción la sororidad.

Sé que van a sobrevivir, porque para nosotras, sobrevivir a un aborto no debe ser un privilegio de clase. Sé que cuando terminen su proceso les va a dar hambre y van a querer comer papas fritas y ver videos en Internet.

Voy entrando a mi tercer mes como Socorrista y conocí en el camino a más de 100 mujeres, cada una con una historia de vida, algunas más fuertes que otras, algunas más pobres que otras, algunas más vulnerables que otras. A todas ellas las que he abrazado transmitiéndoles paz. Nos organizamos. Todos los días, el teléfono de las Socorristas suena con mensajes de mujeres en estado de total desesperación. Solas. Con miedo. A todas respondemos. Con todas nos encontramos.

Sé que van a sobrevivir, porque para nosotras, sobrevivir a un aborto no debe ser un privilegio de clase. Sé que cuando terminen su proceso les va a dar hambre y van a querer comer papas fritas y ver videos en Internet. Sé que no van a tener que vivir una maternidad forzada. Sé que no arriesgan sus vidas introduciéndose cosas para interrumpir un embarazo no deseado.

Nosotras no abandonamos.

Aborto libre, legal, cuidado, sororo y feminista.  

Socorristas en Red – Feministas que abortamos

Socorro Rosa Chaco Corrientes

362 15 4 536461

www.socorristasenred.org

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