Por: DEFENSORES DEL PASTIZAL

LA MITAD DE LA PROVINCIA TENDRÁ MONOCULTIVOS DE PINO Y EUCALIPTO EN 2030

Como científicos, naturalistas y profesionales conocedores de la cuestión ambiental nos vemos en la obligación de informar sobre los impactos negativos asociados a las plantaciones forestales: industria que tiene el potencial de modificar drásticamente la matriz ambiental, social y económica de Corrientes.

El senador radical Noel Eugenio Breard, un vocero de alianza gobernante Eco+Cambiemos, ha escrito en un diario oficialista que el monocultivo de bosques de pinos y eucaliptos es un “mito” pues “sólo ocupa el 7% del territorio provincial”, lo que equivale a 617.393 hectáreas. Según un informe del INTA del año 2009, alrededor del 24% de la superficie de la provincia está ocupado por infraestructura o cubierta por el agua de ríos, lagunas y esteros, mientras que el 3,6% está ocupado por bosques. La superficie agropecuaria total es de aproximadamente el 72,4% de la provincia, alrededor de 6.4 millones de hectáreas. Considerando este porcentaje resulta que, actualmente, las plantaciones forestales ocupan el 9,6% de las tierras productivas de Corrientes.

Si el plan del gobierno actual es que las plantaciones forestales ocupen el 47% de la superficie agropecuaria de Corrientes, cerca de la mitad de la provincia tendrá monocultivos de pino y eucalipto en 2030.

Foto: Natalí Zacarías

A través del programa ForestAR2030, la Ley Nacional Nº 25080 y actualizaciones y la la Ley Provincial Nº 6.495 que promocionan y financian la actividad foresto-industrial (mediante subsidios directos y enormes ventajas impositivas), el gobierno provincial propone aumentar las áreas forestadas a 3 millones de hectáreas: casi la mitad de las tierras altas productivas de nuestra provincia. ¿Es un mito? Si el plan del gobierno actual es que las plantaciones forestales ocupen el 47% de la superficie agropecuaria de Corrientes, cerca de la mitad de la provincia tendrá monocultivos de pino y eucalipto en 2030.

Sólo considerando los daños que causan las forestaciones al ambiente, podemos citar a la ONG Aves Argentinas-BirdLife International que en su Documento de Posición Institucional sobre FORESTACIONES EN EL NORDESTE DE ARGENTINA (2018) menciona que durante el período de vigencia de la Ley 25.080 (1998-2018), cuando la cobertura de plantaciones aumentó de 120.000 a 500.000 hectáreas, las poblaciones de especies amenazadas y en peligro de extinción de aves y mamíferos disminuyeron drásticamente, entre 80 y 90%. Esto incluye el venado de las pampas, el yetapá de collar, la monjita dominicana y el tordo amarillo, cuyas poblaciones inexorablemente se extinguirán si se cumple el plan del gobierno.

Un monocultivo de pino o eucalipto no es un bosque y tampoco es un “bosque cultivado”, ya que no crece naturalmente, no tiene las funciones ecosistémicas de los bosques nativos y su fin es comercial.

Por otra parte, nos cuestionamos si alguna vez se han preguntado qué son los bosques y qué son los monocultivos forestales: ¿Cuáles son las funciones ecológicas y valores ambientales de los pastizales? ¿Cuáles son los efectos de invadir o reemplazar un pastizal o un bosque nativo con un monocultivo? A diferencia de lo que la industria y gobiernos de todo el mundo quieren transmitir, las plantaciones forestales no son bosques, sino cultivos de árboles de crecimiento rápido. Su objetivo es maximizar la productividad para cosecharlos en el menor tiempo posible y, como se cultiva una sola especie, constituyen monocultivos. En contraposición, los bosques son ecosistemas naturales sumamente complejos y diversos, compuestos por numerosas especies de flora y fauna que, además, nos brindan diversos productos e importantes servicios ecosistémicos, que se desarrollan naturalmente en donde las condiciones de suelo, clima -y otras- así lo determinan. 

Estos monocultivos no sólo han ocupado tierras que previamente fueron bosques, sino que reemplazan y modifican drásticamente el paisaje de pastizales y bañados que, al igual que los bosques, cumplen funciones ecológicas irreemplazables y prestan servicios ecosistémicos fundamentales para la sociedad.

Por lo tanto, un monocultivo de pino o eucalipto no es un bosque y tampoco es un “bosque cultivado”, ya que no crece naturalmente, no tiene las funciones ecosistémicas de los bosques nativos y su fin es comercial. Como en un corto tiempo toda su biomasa será extraída, tampoco contribuyen a mitigar el cambio climático. Cabe aclarar que, si se buscara mitigar el cambio climático, la forma más efectiva de hacerlo sería restaurar los bosques degradados y evitar no solo la tala de los pre-existentes sino también la pérdida de otros ecosistemas naturales, como los pastizales. Estos monocultivos no sólo han ocupado tierras que previamente fueron bosques, sino que reemplazan y modifican drásticamente el paisaje de pastizales y bañados que, al igual que los bosques, cumplen funciones ecológicas irreemplazables y prestan servicios ecosistémicos fundamentales para la sociedad.

Foto: Natalí Zacarías

Esto denota la enorme contradicción de intereses y políticas públicas del gobierno de Corrientes, que por un lado dice promover su protección y posicionamiento como destino ecoturístico internacional y, por el otro, genera las condiciones para que esto sea imposible de lograr, habilitando la instalación de extensos monocultivos forestales dentro de los límites de la Reserva Iberá.

Los pastizales son fuente de una biodiversidad única para Argentina y, en particular, para Corrientes. Son los sistemas que nos permiten sostener actividades productivas desde hace siglos y en donde se desarrolló gran parte de nuestra cultura. Los pastizales han brindado a Corrientes el contexto para la conservación de las tradiciones gauchescas más auténticas del país, que se perderán para siempre en un paisaje cubierto por plantaciones forestales. Además, los monocultivos forestales alteran los regímenes hidrológicos, incrementan la vulnerabilidad a incendios, modifican los nutrientes y la vida del suelo, entre otros problemas.

Otro de los grandes problemas de los monocultivos forestales es que los pinos son especies exóticas e invasoras en todo el continente sudamericano, es decir, tienen la capacidad de extenderse de manera incontrolable hacia áreas en donde no fueron plantadas, con alto riesgo de infligir daños irreversibles a los ecosistemas naturales que invade, y también de afectar otros tipos de cultivos o producciones aledañas. Este fenómeno ya se observa en muchos lugares de Corrientes, destacándose los pastizales, bañados y embalsados de los Esteros del Iberá, que ha sido identificado por especialistas como una de las mayores amenazas para la conservación del Parque Iberá. Esto denota la enorme contradicción de intereses y políticas públicas del gobierno de Corrientes, que por un lado dice promover su protección y posicionamiento como destino ecoturístico internacional y, por el otro, genera las condiciones para que esto sea imposible de lograr, habilitando la instalación de extensos monocultivos forestales dentro de los límites de la Reserva Iberá.

Todo esto ha generado conflictos sociales irreversibles, ya que la expansión territorial de estas plantaciones y la dependencia económica a esta actividad limita fuertemente las posibilidades de planificación provincial y municipal del uso del suelo.

Desde el gobierno mencionan como “buenas políticas públicas” los desastres socio-ambientales ocurridos en Uruguay y Misiones, donde la concentración de la tierra en manos de la forestoindustria y especialmente de grandes empresas multinacionales (como Celulosa Arauco S.A. o “Alto Paraná” en Misiones), con una total integración vertical de la cadena productiva en manos de estas multinacionales, uso masivo de agrotóxicos, expulsión de campesinos mediante distintos mecanismos de coerción y presión, desmontes ilegales de bosques protegidos por ley y mecanización casi total de todas las prácticas productivas a lo largo de toda la cadena.

Foto: Natalí Zacarías

Todo esto ha generado conflictos sociales irreversibles, ya que la expansión territorial de estas plantaciones y la dependencia económica a esta actividad limita fuertemente las posibilidades de planificación provincial y municipal del uso del suelo. Entre ellos se puede mencionar la reducción del número de explotaciones agropecuarias y de la pequeña propiedad agrícola, el éxodo rural, la desaparición de empresas pequeñas y medianas de transporte y de prestadores de servicios rurales, conflictos socio-territoriales con cooperativas y asociaciones de productores locales y problemas de desempleo de manera generalizada incluyendo actividades relacionadas (como los mecánicos de motosierras, fabricación y venta de indumentaria laboral, negocios de venta de herramientas y repuestos, talleres mecánicos, etcétera).

Existen alternativas, sólo es necesario que haya un interés genuino por parte de los gobernantes para ponerlas en práctica y así generar una mejora en la calidad de vida, lo cual incluye a las personas y al ambiente. 

Para cerrar el triángulo de la foresto-industria, el vocero oficial menciona la importancia de establecer industrias de celulosa o “pasteras” sobre nuestros ríos. Omite mencionar que aún las pasteras más modernas producen emanaciones tóxicas que afectan enormemente la calidad de vida de los habitantes cercanos. En zonas con pasteras las afecciones respiratorias suelen aumentar exponencialmente, sometiendo a sus habitantes al empleo crónico de medicamentos, especialmente a los bebés y niños, lo que destruye la salud de la población a largo plazo. La promesa de ser un paso intermedio hacia una transformación productiva asociada a la industria de alta tecnología es vacía: las actividades tales como elaboración de papel y muebles de alto valor agregado son fuertemente impulsadas por los países centrales de la economía globalizada, según el “Informe de Cadenas de Valor – Forestal, papel y muebles”,  elaborado por el Gobierno Nacional en 2016.

No habrá desarrollo social en un
ambiente enfermo.

El modelo que propone el gobierno provincial está pensado para insertarse en la economía global como exportador de materia prima (celulosa o pasta para papel), contribuyendo a su dependencia económica en un mercado cuya demanda y precios Corrientes no maneja y que tampoco contempla ni responde a la degradación ecológica y social que generarán en la provincia. Por estas razones, estamos convencidos de que apostar la economía correntina al crecimiento de la industria forestal en detrimento de otras alternativas productivas es una pésima decisión. El desafío es el desarrollo, fomento e implementación de sistemas de producción ajustados a las inmensas potencialidades ecológicas y culturales de nuestra provincia. Existen alternativas, sólo es necesario que haya un interés genuino por parte de los gobernantes para ponerlas en práctica y así generar una mejora en la calidad de vida, lo cual incluye a las personas y al ambiente. No habrá desarrollo social en un ambiente enfermo.

Basado en:
https://www.facebook.com/notes/defensores-del-pastizal/por-verdaderas-alternativas-de-producci%C3%B3n-sostenible-los-riesgos-de-promover-la-/122576602478141/

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