La primera marcha Contra el Gatillo Fácil en Corrientes comenzó con una ruptura: Anahí Andrade, hermana de Nino Largueri, la detuvo en la esquina de La Rioja y 9 de Julio gritando: “¡No queremos ser escoltados por la policía que mató a mi hermano!”. Desde ese momento, ocurrió algo insólito: la columna fue por calle Pellegrini, despistando al operativo policial que iba por delante y  haciendo correr a varios agentes detrás de la movilización, ofuscados por que había les habían cambiado el rumbo “pautado”.

Hacía mucho que el blindaje policial de las marchas no era esquivado, y de un modo tan ridículo. Adentro, la marcha bullía de  risas y chistes al son de los tambores de las orgas sociales. 

“Lo vivimos en desalojos de asentamientos en plena madrugada y sin orden de allanamiento, en los operativos de saturación en barriadas carenciadas o marginales”, dijo una militante un movimiento social.   

Todo comenzó a las 17, durante la soleada tarde del martes 27/08 y en simultáneo con la Quinta Marcha Nacional en Contra del Gatillo Fácil, (un espacio de organización integrado por familiares de víctimas de violencia estatal). En Corrientes, la idea de sumarnos a la convocatoria nacional surgió en el plenario del Primer Encuentro Provincial por los Derechos Humanos llevado a cabo el 3 de agosto en el Regimiento 9.

Fuimos más de 400 personas, entre militantes de organizaciones sociales, de DDHH y autoconvocadxs que marchamos junto a Anahí y otrxs familiares de víctimas del aparato represivo del Estado: Norma Arapi, hermana de Ramón Arapi; Analía Altamirano, madre de Josele, preso injustamente por el asesinato de Maxi Aquino en una causa armada por policías; Chela Romero, esposa de Pedro Salvador Aguirre, ejecutado por miembros de la Brigada de investigaciones de la policía en 1995. 

Los policías salen vestidos de civil a cazar a lxs pibes por merodear, por portación de cara, y acá los cagan a palos obligándolos a robar para ellos”, denunciaron las organizaciones de Derechos Humanos. 

La marcha llegó a la Jefatura de Policía atravesando la Plaza 25 de Mayo, desobedeciendo a los oficiales que escoltaban y querían marcar el camino. La multitud se arrimó a la entrada de la Jefatura ante la mirada desconcertada del puñado de efectivos de la división infantería, la mayoría mujeres.

Allí se leyó el comunicado: “Estamos segurxs que el avance del estado de excepción es resultado de la “alineación” de los gobiernos nacional, provincial y municipal”, expresó Anahí, y una militante de una organización social dijo: “Lo vivimos en desalojos de asentamientos en plena madrugada y sin orden de allanamiento, en los operativos de saturación en barriadas carenciadas o marginales”.

Al la vieja fachada del nefasto edificio de Quintana 853 -donde funcionó un centro clandestino de detención y tortura durante la última dictadura-, le corresponde una parte trasera: la Brigada de Investigaciones, ubicada por Costanera a donde se dirigió la marcha, luego de haber doblado por calle Buenos Aires, dejando como rastros grafitis y pintadas. “Estudia, no se policía”, de verde un estencil decía; a mano alzada con aerosol “muertes a la yuta” o la internacional ACAB.  Ya rente a la Brigada (cerrada por un cordón de los agentes de Infantería, que llegaron trotando por el otra cuadra) las organizaciones de Derechos Humanos denunciaron “los policías salen vestidos de civil a cazar a lxs pibes por merodear, por “portación de cara”, y acá los cagan a palos obligándolos a “trabajar” para ellos; ellos son los narcos”. También nombraron a las personas que fueron asesinadas en esa dependencia policial al grito de “¡PRESENTE!”  para luego la multitud vitorear al repiqueteo de las percusiones “¡A donde vayan los iremos a buscar!”. 

 En Corrientes se vive en un estado de excepción que coarta nuestros derechos fundamentales como la libre circulación y la presunción de inocencia.

El Ministerio de Seguridad fue el punto de finalización del histórico recorrido, en donde culminaron con los testimonios de las familiares de las víctimas: “Los seis policías fueron procesados y condenados y están presos gracias a mi lucha. Por eso no hay que bajar nunca los brazos”, dijo Norma, hermana de una de las 33 víctimas de la represión de diciembre del 2001. Por su parte, Chela expresó: “Mi caso es de 1995 y sigo pidiendo justicia, y nunca voy a dejar de pedir justicia. A mi esposo lo mató una banda criminal de policías”.

A las consignas de la Marcha Nacional, se sumó la denuncia de que todxs podemos ser víctimas de la arbitrariedad policial. En Corrientes se vive en un estado de excepción que coarta nuestros derechos fundamentales como la libre circulación y la presunción de inocencia. La policía de Corrientes se vale de un código obsoleto del siglo XIX que utiliza figuras como  “merodeo”, “mendicidad”, “vagancia” o la “actitud sospechosa” para tenerte detenidx hasta 19 días sin comunicar al juzgado correcional o imponerte una multa de 1.500 pesos para la Fondo Especial de Seguridad (FOESEG), la “caja chica” de la Policía. Como consecuencia tenemos una superpoblación de personas detenidas en comisarías y más de 2.817 personas demoradas por “averiguación de antecedentes” desde el 10 diciembre de 2015.

Pity era devoto del Gauchito Gil quien, según la leyenda, también fue una víctima de gatillo fácil.

De imprevisto dos días antes de la marcha (el domingo 25 de agosto) sucedió el asesinato de Jorge Daniel “Pity” Vargas en manos de un policía de civil. La construcción de los medios hegemónicos, reproduciendo la versión oficial de la policía, asegura que fue en “un enfrentamiento armado” con “peligrosos delincuentes” para justificar este caso de gatillo fácil. Pero fue la valentía de una vecina la que rompió el relato: “Los de la Brigada me rozaron cuando pasaron, agarran y empiezan a efectuar tiros sin mediar palabra, sin dar voz de alto, nada. Yo estaba con otras mamás tomando mate en la vereda y nuestros niños quedaron a dos pasos de ese policía, el único que disparó”.

Hoy familiares y amigxs despidieron a Pity; o Maradona, como también se lo conocía por ser jugador del Club Rivadavia del barrio de la Vizcacha donde vivía con su esposa e hijes. Para homenajearlo la institución deportiva posteó una foto en su cuenta de  Facebook con una foto en la que está por jugar con los colores rojo y negro. Pity era devoto del Gauchito Gil, otro correntino asesinado por la Policía.

En la marcha no estuvieron familiares de Pity ni de sus dos amigos que iban con él en el auto donde lo acribillaron y que están detenidos. En momentos de incertidumbre, organizarse es la única manera de luchar por justicia. Así lo testimonian las historias de Anahí, Norma, Chela y de tantas otras madres y familiares que en todo el país se organizan en contra de la represión del Estado. En Corrientes, este ha sido el comienzo de una movida organizada, conjunta y multisectorial, ante el estado de excepción, una forma de control de los gobiernos democráticos en todxs podemos ser víctimas de la arbitrariedad policial. Y para que esa fuerza no se disipe habrá que seguir organizándonos… 

Testimonio Norma Arapí

#MarchaContraelGatilloFacil Testimonio de Norma Arapí, hermana de Ramón Arapí, una de las más 30 víctimas de la presión policial en todo el país del 19-20 de diciembre de 2001. Ella misma tuvo que localizar a los policías asesinos para que cumplan su condena. #BastadeGatilloFacil#BastadeRepresión·#ElEstadoEsResponsable

Posted by Cara Tapada on Thursday, August 29, 2019

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