La Vida resulta un término paradójico mientras me muevo entre la multitud que se atiborra frente a la legislatura. Es que toda esta gente vino hasta aquí por ella: es “la marcha por la vida”.  Y sin embargo el tema y el problema es la Muerte. Ambivalencia del que argumenta estar “en favor de la vida” pregonando la conservación de un estado de cosas que provoca -como mínimo- un centenar de muertes por año.

 

“El aborto no te libera de ser madre, sólo te hace madre de un niño muerto”, se lee en un cartel que porta un púber. Hay muchxs adolescentes y niñxs. También bebxs. Las escuelas católicas conminaron a sus alumnxs a asistir a la manifestación. Y resulta imposible no preguntar por qué un varón (futuro hombre) blanco enarbola semejante precepto. La “Marcha por la vida” expuso la capacidad de convocatoria de las iglesias católicas y evangélicas. Un número considerable (entre 1.000 y 1.500 asistentes) aunque no abrumador (como se esperaría de una ciudad tan tradicionalista como Corrientes) de personas que están en contra de la legalización del aborto porque “la vida empieza en la concepción”.  Además sirvió de métrica para que ambos cultos evalúen su poder sobre la gente, en ese sentido evangélicos han crecido (al menos en protagonismo) en desmedro del catolicismo.

Incluso hicieron que una nena, de unos 5 años, cuente  desde el escenario cómo no fue abortada cuando su madre tenía 16 años. El público aplaudía. A nadie la pareció una situación ignominiosa.

***

La ignorancia siempre ha sido herramienta de dominación predilecta por las religiones monoteístas patriarcales. Pese a sus fracturas internas ha logrado mantener durante un milenio su preeminencia, restringiendo el pensamiento crítico y la reflexión sobre la propia vida y cuerpo. Correr el eje del debate sobre la legalización del aborto y trasladarlo al plano moral ha sido la jugada que esgrimieron: no importa las 3.000 mujeres muertas producto de la práctica clandestina de interrupción del embarazo desde el retorno de la democracia representativa. Quizás para ellos, no sean vidas.

Hay lugar para dudar de que la legalidad pueda cambiar de raíz el cómo el Estado construye este sistema médico que hoy mismo nos está violentando y negando el acceso a una atención integral.

La invisibilización de la mujer (que en última instancia es la principal protagonista y, por ende, la que debe hablar y cuya opinión debe prevalecer) es evidente en el discurso que el pastor y profesor llamado Charly dio a lxs presentes. No sólo se la reduce a su faceta de maternal sino que se la subsume en el masculino. Charly sólo hablaba de niños, excluyendo a las niñas, solapándolas en el lenguaje.

Incluso hicieron que una nena, de unos 5 años, cuente desde el escenario cómo no fue abortada cuando su madre tenía 16 años. El público aplaudía. A nadie la pareció una situación ignominiosa.

Meterse con el cuerpo ajeno (algo que desde hace siglos viene haciendo la iglesia) hoy es entrar en guerra. Es una disputa territorial. Bio y tanato política: poder de vida: poder de muerte.

***

Pero si en verdad queremos ensamblar una crítica surge el problema de que en ese territorio, los cuerpos gestantes (no necesariamente femeninos), el poder de la iglesia se repliega pero el del estado avanza. Sustituimos uno por otro, más allá de los logros que se produzcan en el camino.  

El aborto está aquí, ahora, y ha estado desde los albores de la civilización.

Las Socorristas en Red habían escrito después del pañuelazo del 19 de febrero:

Hay lugar para dudar de que la legalidad pueda cambiar de raíz el cómo el Estado construye este sistema médico que hoy mismo nos está violentando y negando el acceso a una atención integral. ¿Les agentes de salud egresades de las universidades públicas reciben formación sobre interrupción legal desde una perspectiva de derechos humanos? ¿Cuál es el límite de las normativas pretendidamente federales si las instituciones que deben aplicarlas reproducen prácticas violentas y les agentes estatales muchas veces no pueden siquiera garantizan la laicidad del servicio público que ofrecen? Desde Socorristas en Red redoblamos la apuesta: queremos hablar de abortos libres.

***

El salvoconducto es la Vida pero en realidad lo que se pretende (consciente o inconscientemente) es perpetuar la Muerte en clandestinidad. Puede ser estolidez o cinismo, en cualquier caso, es mentirse a unx mismo, distorsionar la realidad a conveniencia con tal de apaciguar la insoportable certeza de que ya no pueden decidir por lxs demás.  

Hoy en Argentina y en Corrientes hay un debate insoslayable. Y lo importante  es producir información que contribuya al mejor entendimiento del problema, justamente lo que “la marcha por la vida” no hace: solo repite eslóganes, frases hechas, vacuas: como un Ave María.

Cerrazón de creer que el aborto no es una práctica histórica, inveterada, que existe y es un problema grave en Argentina, no por su existir -que por otra parte es implacable-  sino porque las muertes que provoca, que son muertes de mujeres. El aborto está aquí, ahora, y ha estado desde los albores de la civilización.

El problema no es la vida sino el poder: las iglesias -como aparatos ideológicos y dispositivos de dominación- pierden su influencia sobre el cuerpx del otrx. Hablan de la vida para encubrir la muerte.

Comentarios

comentarios