El Patono es un barrio de la ciudad de Corrientes ubicado detrás de la cervecería Quilmes. Doblando por la Avenida J. R. Vidal se ve una canchita de tierra que marca el comienzo del barrio. Hoy, cerca del mediodía, un camión (de los muchos que circulan por la zona), chocó y mató a un perro en el intento de esquivar un pozo que está en la esquina. “El animalito se sacrifica por los inocentes, fue en pleno día…imaginate a la noche, cuando no hay luz”, dice Nanci, quien era su dueña.

“No vine a hacer política”, y le pasaron un tupper lleno y una boleta para que lo vote.

Hace casi seis meses no funciona el alumbrado público y, debido a la circulación constante de vehículos de carga, lxs vecinxs saben que es cuestión de tiempo para que ocurra una tragedia. El entrenador de fútbol corta todo antes que oscurezca y manda a los chicos a sus casas, pero hay algunos que se quedan hasta tarde. Mientras tanto, la gente que vive en el fondo y está regresado acorta camino por el medio de la cancha, sin iluminación ni respuestas.

En un grupo de Whatsapp del barrio, una vecina publicó un video filmado dentro de su casa durante la última lluvia grande en el que se ve como una corriente de agua (que le llega a los tobillos) fluye por toda la casa. En el video se observa el torrente de agua ingresando por debajo de una puerta y salir por otra. “Cuando llueve sale el agua como una canilla, es muy peligroso porque el pozo no está del todo enterrado y hay partes del caño que están expuestas, cualquiera se puede caer”, dien lxs vecinxs. Ese caño es el desagüe pluvial de los barrios aledaños que desemboca entre las casitas del Patono.

Las lluvias de abril y mayo devastaron las casas de muchxs de ellxs y, mientras persisten las secuelas, la ciudad está empapelada con la cara del gobernador Valdés diciendo: “Vamos juntos”. La pregunta es: ¿Hacia dónde vamos?

En plena campaña electoral, los candidatos (radicales, peronistas, kirchneristas, otros tantos) merodean por los bordes de las barriadas. El domingo pasado, un candidato de la ECO (la alianza que gobierna el Municipio y la Provincia) vino a sacarse fotos mientras lxs punterxs repartían locro. Cuando una vecina se acercó para contarle acerca de sus problemas urgentes, este le respondió: “No vine a hacer política”, y le pasaron un tupper lleno y una boleta para que lo vote.

Cansadas del ninguneo político, desde hace varios meses que las vecinas del Patono se vienen organizando como Asamblea Barrial para obtener soluciones. El 15 de mayo realizaron su primera marcha hasta el Municipio exigiendo que entierren el caño de agua y pongan en funcionamiento la luminaria pública. Pero la intendencia le “tiró la pelota” al gobierno provincial.

“Somos varios los barrios que nos encontramos en la calle exigiendo soluciones concretas ante estos problemas habitacionales: desagües que terminan en la mitad del barrio, la lluvia que te llega hasta los tobillos dentro de tu casa, cables expuestos. Somos muchos barrios los que ya estamos organizados y que ya no creemos las promesas electorales, no podemos esperar que pasen las elecciones, si no tenemos respuestas vamos a tomar medidas de lucha más fuertes.”, dicen lxs vecinxs. Las lluvias de abril y mayo devastaron las casas de muchxs de ellxs y, mientras persisten las secuelas, la ciudad está empapelada con la cara del gobernador Valdés diciendo: “Vamos juntos”. La pregunta es: ¿Hacia dónde vamos?

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Según la Municipalidad de Corrientes “el Plan Hídrico se enmarca en el eje de una Ciudad Sustentable, que busca trabajar para lograr una ciudad resiliente”. Pero la resiliencia no podría ser considerada política pública: las inundaciones suceden constantemente, sobre todo por falta de planificación urbana. No se puede concebir que haya familias que continúen padeciendo el avance del agua mientras que los gobierno, lejos de resolver esta problemática, se dedican a hacer promesas de campaña.  

Un formidable negocio inmobiliario que no redundará en ningún beneficio para los habitantes de la ciudad, salvo de atraer a turistas con suficiente dinero para alquilar un departamento con vista al río. 

“Debo ser sincero con todos ustedes: sí tenemos grandes precipitaciones y en poco tiempo nos seguiremos inundando”, admitió el intendente Tassano en la apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante de 2019. Al parecer, el lema que buscan consolidar (“Vamos juntos”) sólo confirma que una ciudad que no se inunde ha sido una promesa (ya desde la anterior gestión peronista/kirchnerista), una más de tantas que han oído Nanci y todas las vecinas del Patono y demás barrios periféricos.   

Párrafo aparte merece el otro plan de Municipio, Provincia y Nación (esta última escindida de la campaña local por la “imagen negativa” del presidente Mauricio Macri): el así llamado “Plan Costero” tiene como objetivo la venta de terrenos pertenecientes al Estado nacional, ubicados en distintos sectores de la costanera y del puerto capitalino para posterior construcción de edificios. Un formidable negocio inmobiliario que no redundará en ningún beneficio para los habitantes de la ciudad, salvo de atraer a turistas con suficiente dinero para alquilar un departamento con vista al río. El dinero que se obtenga va a Nación y desde la Provincia y el Municipio alientan el proyecto porque, dicen, generará trabajo y aumentará el turismo.

 Pase lo que pase el domingo después de la votación, la lucha de lxs vecinxs del Patono y tanto otrxs seguirá en pie porque sus problemas no se solucionan con ir a votar.

La ciudad de Corrientes es la más pobre de Argentina, y pareciera que la única forma de salir a flote es enajenar nuestro patrimonio (como ya ha ocurrido con el Iberá, convertido en Parque Nacional). Serán millones de pesos o dólares que veremos pasar de largo mientras perdemos una parte de nuestra historia, por ejemplo con el emblemático Ex Regimiento de Infantería 9: centro clandestino de tortura y muerte durante la última dictadura.  

La campaña oficialista habla de progreso, desarrollo y futuro; la opositora de avanzar. Ninguna hace mea culpa de la irresponsabilidad y las consecuencias de sus acciones y omisiones. Pase lo que pase el domingo después de la votación, la lucha de lxs vecinxs del Patono y tanto otrxs seguirá en pie porque sus problemas no se solucionan con ir a votar. Frente a figuras políticas repetitivas que continúan haciendo las mismas promesas sin cumplirlas, en los barrios surgen nuevas formas de organización y resistencia.  

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