El Pañuelazo en Resistencia, Chaco, nos dejó mucho que celebrar, pero también invita a seguir pensando. El fulgor mediático que el tema aborto está teniendo por estas semanas es de gran ayuda para habilitar la discusión a nivel social, pero quienes nos reconocemos parte del movimiento feminista tenemos como tarea extender el debate interno.
¿Es el aborto legal el final de este camino?

Las grandes convocatorias y las marchas te dan desde el minuto cero una inyección de euforia hermosísima. Es una experiencia intransferible. Hay que estar ahí para sentir como la energía te va colmando el cuerpo.

Esta vez nos reunimos por la carencia y el dolor. Un vacío de derechos y una vulnerabilidad terrorífica, que con auspicio del Estado, ha producido miles de muertes de mujeres en la Argentina.  Como respuesta, la alegría este 19 de febrero estuvo por las calles de Resistencia, en consonancia con la convocatoria nacional de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Nos exigen parir por mandato. Nos obligan a abortar con la misma culpa cristiana que les sirve de fundamento para criminalizarnos. Por ello, pusimos fecha y hora para hacerle frente a una de las mayores violencias patriarcales: someternos a la imposibilidad de ejercer la soberanía sobre nuestras cuerpas.

Creo firmemente que en las sonrisas, los cantos y los abrazos entre nosotres, está la clave de la revolución. ¿Suena a mucho? Lo que pasa es que les feministas compartimos una noción de revolución vinculada a los actos de afecto más íntimos, en el cotidiano, cuando nos brindamos a les demás y le decimos a une compa “che pibi, no estás sole, y esto que te está pasando nos atraviesa a todes”.

Fue un agite inusual para el nordeste del país, en lo que se refiere a reclamos vinculados con el feminismo, más allá de la legitimidad de la opinión pública en lo que se refiere al “Ni una menos” y las movilizaciones vinculadas que iniciaron el 3 de junio del 2015. El aborto nos encuentra en un terreno más espinoso.  Me puse a pensar “¿cómo llegamos hasta acá?”.

Si tengo que ponerle una fecha, creo que elijo el último día del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, 2016. Cuando anunciaron que la siguiente edición sería en Chaco. Recuerdo la emoción de mis amigas y la mía. Habíamos participado de nuestro primer Encuentro, ¿y tan cerquita nos iba a encontrar el siguiente?

Tardé bastante más tiempo en dimensionar el impacto que tendría para estas geografías. Pero ya antes del último octubre había algo que se sentía en el aire: nada iba a volver a ser igual. Aquellas asambleas y eventos culturales, puestos en marcha por la Comisión Organizadora, estaban siendo muy fascinantes tanto para sus protagonistas, como para quienes acostumbrábamos a mirar ilusionades fotos por redes sociales de las cosas que pasaban “en otras ciudades”, allá. Siempre lejos.

Octubre llegó y nos trajo miles de mujeres e identidades femeninas del todo el país al Chaco. Pasados los tres días de intenso debate horizontal en los 71 talleres, de ferias populares permanentes en las plazas, de celebraciones en cada esquina de Resistencia, les visitantes se nos volvieron para sus pagos. Pero les que nos quedamos ya éramos otres.

Porque el Encuentro, y acá vale de verdad la redundancia, nos permitió encontrarnos. Organizarnos para discutir, cuestionarnos todo, y pelearla juntes. Incomodar a otres y aprender una nueva política de los afectos que nos permite cuidarnos entre nosotres. Aprender que todes podemos alzar la voz, que lo que tenemos para decir vale, y mucho. Nos despertó, nos llenó de fuerzas para transformarlo todo, porque las ganas ya estaban.

Recuerdo con mucho cariño la plaza que armamos para el 28 de septiembre, el Día de Acción Global por el Aborto Legal, de lo humilde de la convocatoria. Pero el Pañuelazo, con el Encuentro de por medio, fue una experiencia abismalmente distinta. Este 19 de febrero tuvimos mucha compañía.

Sacamos al aborto del silencio sepulcral, de la vergüenza y la clandestinidad por algunas horas, para reclamar por su despenalización y legalidad. Tomamos las calles, el espacio público que también nos pertenece, con una fuerza que no tiene precedentes por estos territorios.

Los límites de la reglamentación

El fulgor mediático que el tema está teniendo por estas semanas es de gran ayuda para poner el debate en la agenda pública. En vistas a que el 6 de marzo se presentará por séptima vez un proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso de la Nación, cabe preguntarnos: ¿es el aborto legal el final de este camino? ¿Las leyes garantizan derechos?

La Ley 25.673, sancionada en el año 2002, del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, ha sufrido un severo retroceso en la gestión macrista. Fue también afectada por los despidos masivos y por el vaciamiento presupuestario. La desarticulación afecta a nivel territorial, hasta los anticonceptivos escasean en este escenario de ajuste económico y paradigma neoliberal de achicamiento del Estado.

El Programa de Educación Sexual Integral, que indica que sea incorporada como contenido transversal a la currícula de la educación básica, fue sancionado con fuerza de ley (26.150), en el año 2006. Más de 10 años después, sigue siendo una batalla lograr su bajada a las distintas jurisdicciones.

El Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo, puesto en vigencia en el año 2015, no está garantizado en su aplicación en la totalidad del territorio nacional. En nuestros casos locales, su aplicación en Chaco tiene severas falencias.

Corrientes no ha adherido ni de forma parcial, y nos rige un decreto que data del 2011, que declara que somos provincia “pro-vida”. El cinismo sea hace manifiesto: Corrientes es la provincia con la tasa de mortalidad infantil más alta del país.

Hay lugar para dudar de que la legalidad pueda cambiar de raíz el cómo el Estado construye este sistema médico que hoy mismo nos está violentando y negando el acceso a una atención integral. ¿Les agentes de salud egresades de las universidades públicas reciben formación sobre interrupción legal desde una perspectiva de derechos humanos?

¿Cuál es el límite de las normativas pretendidamente federales si las instituciones que deben aplicarlas reproducen prácticas violentas y les agentes estatales muchas veces no pueden siquiera garantizan la laicidad del servicio público que ofrecen?

Aquí la propuesta es que el acuerdo colectivo de las consignas de la despenalización y la legalización no nos encuentren desprevenides y nos tire, nuevamente, al vacío que muchas veces representa del sistema médico, probadamente patriarcal.

A la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito continuaremos militándola, pero que el optimismo no nos deje estancades, que falta mucho camino por recorrer en lo que se refiere a los derechos sexuales y reproductivos en Argentina.

Más allá del Estado

Quienes nos reconocemos parte del movimiento feminista, también tenemos como tarea extender una discusión interna más profunda. Desde Socorristas en Red redoblamos la apuesta: queremos hablar de abortos libres.

Plantear abortos autogestionados con acompañamientos feministas es, en efecto, entrar en tensión con el modelo médico hegemónico.

La presencia y el crecimiento de Socorristas en Red, con sus más de cuarenta grupas desperdigadas a lo largo y a lo ancho del país, nos ayudan a pensar otros abortos posibles, unos que nos habiliten a recuperar la autonomía sobre nuestra salud reproductiva.

Es probado que no todo lo que sucede dentro de las puertas de hospitales y clínicas es seguro y respetuoso para con las mujeres y las cuerpas gestantes. A los motivos ya mencionados, se le suma que el método quirúrgico es el método de intervención más practicado por médicas y médicos en el país. Mientras que el método con medicamentos es, con aval de la Organización Mundial de la Salud, el más seguro para interrumpir los embarazos. En el año 2017, la Red acompañó a casi seis mil mujeres a abortar con misoprostol, brindando información y asesoramiento.

El peso cultural de la religión y las tendencias conservadoras de la sociedad generan una legitimación del discurso “pro-vida” que lejos de mermar las decisiones de las mujeres y las cuerpas gestantes de abortar, no hacen más que relegar una vulenerabilidad atroz.

Nos quieren llevar a dos caminos disciplinadores a quienes tomamos la decisión de corrernos de la maternidad obligatoria: la cárcel o la muerte.

Pero la muerte  tampoco tiene porque ser la causa final y con más peso que nos lleve a buscar instalar finalmente el aborto como una cuestión de salud pública. No aceptamos la imposición de “causales” limitantes, que terminan justificando la arbitrariedad de las instituciones estatales. El fundamento central aquí es nuestra vida, poder decidir el curso que ella tomará.

Al Estado se le continuará reclamando lo que corresponda en búsqueda del cumplimento y el respeto por nuestros derechos. Pero el empoderamiento y el ejercicio de soberanía es una tarea ineludiblemente feminista. Lo hacemos nosotres, y siempre junto con nuestres compañeres. Por ello, al Socorrismo tengo mucho por agradecerle.

También agradecer a cada piba que llama a nuestra línea pública, que deposita su confianza, que concurre a habitar el espacio de acompañamiento amoroso que con mucho esfuerzo intentamos sostener y construir con ellas. Aprendo de cada una, siempre me quedo con ganas de abrazarlas más. Porque cuando una aborta, abortamos todes.

Abortamos la desidia estatal. Abortamos al neoliberalismo que pretende aislarnos. Abortamos el ánimo de lucro del sistema médico que cobra miles a quienes pueden pagarlo y hace de la interrupción del embarazo un privilegio de clase. Abortamos la hipocresía de los mandatos sociales y abortamos las religiones opresoras de la sexualidad.

Este Pañuelazo local fue sumamente potente, y fue posible por el crecimiento del movimiento feminista en el nordeste. Es emocionante sentirse protagonista de los quiebres. Somos parte de esta historia que estamos buscando reescribir con lápices violetas.

Pero a mí, por sobre todo, me emocionan mis compas, con quienes aprendo y comparto estas banderas. Me emocionan sus ganas de devorarse al patriarcado. De romper todo y de volver a construirlo. Para que sea un poco más justo para todes.

 

Iriel Amancay– Socorristas en Red
{Socorro Rosa Chaco-Corrientes: 3624 536461}

Fotos de Tatiana Gerzenstein 

 

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