Después de que Estados Unidos bombardeara Siria en coalición con Francia y Reino Unido, y el posterior apoyo de Mauricio Macri a la nueva injerencia de Donald Trump, nos enteramos que el ministerio de Defensa norteamericano realizará “ejercicios militares” en territorio argentino para “impedir el tráfico de armas de destrucción masiva” a nivel global. El operativo será en un punto no informado del Litoral, por lo que Corrientes, Chaco y Formosa están entre las posibilidades.

Desde Cara Tapada alertamos de la peligrosidad que supone este tipo de actividades en zona no bélica: están abriendo las puertas al Imperio para un nuevo campo de juego para sus pruebas armamentísticas. Los ejercicios de este tipo, promovidos por el gobierno Argentino, buscan afianzar la relación con EE.UU. Los mismos ya comenzaron el año pasado en las bases aeronavales Almirante Zar de Trelew (Chubut) y Comandante Espora en Bahía Blanca, donde por propuesta de la armada Argentina y con tropas norteamericanas se realizó un ejercicio combinado denominado “Cormaron”. No debemos olvidar tampoco la base militar yanki que funcionó en Chaco durante el periodo kirchnerista, lo que expone la transversalidad del problema que puede rastrearse desde las “relaciones carnales” del menemato y al Plan Cóndor que impulsó los golpes de estados y dictaduras en toda Latinoamérica.

Según los medios hegemónicos, “el ejercicio militar consiste en un traslado de un camión en una provincia del Litoral argentino que supuestamente lleva armas químicas y de destrucción masiva. La intención es poner en marcha un operativo conjunto en el que se evalúe con las fuerzas norteamericanas, los militares argentinos y las fuerzas de seguridad nacionales todos los posibles mecanismos de acción conjunto para evitar una catástrofe”.

Si no se la llama Tercera Guerra Mundial es porque el teatro operaciones no es Europa. El éxodo de sirios (como de afganos y subsaharianos) hacia el “viejo continente” solo expone la magnitud del desastre.

Hay dos contextos ineludibles: El primero es interno: la “guerra al narcotráfico” es una de las patas del trípode en el que se apoyó la campaña de Macri. Si bien la militarización de territorios comenzó en la era K, con Patricia Bullrich como ministra de Seguridad esta situación se agudizó: se compraron armamentos y equipo táctico a Estados Unidos, quien a través de la DEA ofreció entrenar a un grupo elite.

Si no se la llama Tercera Guerra Mundial es porque el teatro operaciones no es Europa. El éxodo de sirios (como de afganos y subsaharianos) hacia el “viejo continente” solo expone la magnitud del desastre.

El segundo es internacional: el reciente ataque de Occidente a la población civil siria so pretexto de destruir puntos de fabricación de armas químicas (excusa repetida si las hay) puso nuevamente a este país (el principal comprador de la yerba mate correntina) en la agenda de los medios y la opinión pública. Pero el doble conflicto (una guerra civil y un proceso secesionista) viene desde 2010. Si no se la llama Tercera Guerra Mundial es porque el teatro operaciones no es Europa. El éxodo de sirios (como de afganos y subsaharianos) hacia el “viejo continente” solo expone la magnitud del desastre.

Es en este último escenario, emerge también una alternativa a la falsa dicotomía: Oriente-Occidente. El proceso emancipatorio del pueblo Kurdo, con las mujeres al frente de la lucha, ha demostrado que otra forma de organización social es posible pese al terror fascista del Daesh o la violencia de los ejércitos de Siria y Turquía. Pues no se trata de erigir una nueva estructura jerárquica, sino una confederación de base asamblearia con una economía comunitaria, anticapitalista y ecologista. Todo esto está pasando mientras los estados interesados (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Turquía, Israel, Arabia Saudita pero también Siria, Rusia e Irán) desgarran el tejido social y cultural de un pueblo diezmado y desahuciado.

Un panorama lleno de confusión donde pareciera no estar claro si el enemigo es externo o interno.
Un elemento en común entre EEUU y Argentina es la crisis, que no ha dejado de profundizarse en ninguno de los dos países, así como un repudio popular hacia lxs gobernantxs.

A la distancia, pareciera que desde aquí poco se puede hacer más que admirar con rabia e impotencia la matanza de inocentes. Pero nunca está demás recordar que acá también mueren inocentes a diario. Pequeñas actitudes como esta denuncia a la intromisión foránea y los planes de militarización del territorio para el control de la población mediante la violencia estatal son formas de repudio, una acción directa ante la prepotencia de lxs poderosxs que, eyaculando sus bombas y misiles, sólo exponen su impotencia.

La pregunta es: ¿Dónde está el enemigo?

La “alerta”, la guerra química, la emergencia internacional son las mejores excusas para el rearmado de las fuerzas (militares y policiales). En este contexto, el ministro de defensa expresó la urgente necesidad de restablecimiento de la capacidad de Defensa Antiaérea, a la que podemos sumar “la guerra contra el narcotráfico” de Bullrich o la lucha contra el “terrorismo mapuche” en el sur. Un panorama lleno de confusión donde pareciera no estar claro si el enemigo es externo o interno.  Un elemento en común entre EEUU y Argentina es la crisis, que no ha dejado de profundizarse en ninguno de los dos países, así como un repudio popular hacia lxs gobernantxs, o el incremento de los casos de gatillo facil: en el sur de norteamerica con lxs afroamericanxs y en Argentina con lxs chicxs de barrios humildes. 

La pregunta es: ¿Dónde está el enemigo?

¿El Daesh? ¿Siria? ¿ISIS? ¿El narcotráfico? ¿La R.A.M.? ¿La delincuencia?

Muchas veces el Estado se encarga de construir ‘tipos de enemigxs’, es decir, personajes que cumplan con ciertas características socialmente despreciables para que así la opinión pública dirija el punto de mira en otro lugar. Este enemigo externo es una excusa forzada que lxs de arriba utilizan para unificar las fracturas internas que día a día se tornan más irreconciliables dentro de la democracia en crisis.

   

   

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