#16AñosDeLaMasacreEnAvellaneda  #Represión  #Piqueteros

#DarioyMaxi: Muertos por taparse la cara

El 26 de junio de 2002  en un contexto conflictividad social creciente  y sólo seis meses de la rebelión popular de diciembre de 2001, un ejército de policías con sus armas cargadas de plomo disparó y asesinó a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en la Estación Avellaneda. Maxi y Dario eran militantes del MTD (Movimiento de Trabajadorxs Desocupadxs) que reclamaban el pago de los planes sociales, el aumento de los subsidios de desempleo, la implementación de un plan alimentario bajo gestión de los propios desocupados, insumos para escuelas y centros de salud barriales, el desprocesamiento de los luchadores sociales y el fin de la represión.

La imagen que inmortalizó la masacre: Darío sosteniendo la mano de Maxi con su mano izquierda, y con la otra extendida y abierta antes los policíasque los apuntaban con sus armas cargadas de plomo, como diciendo Paren, se está muriendo. Está de más decir que los oficiales no atendieron a este pedido y, haciendo caso omiso del valiente acto de solidaridad de Darío para con su compañero moribundo, hicieron que se levantara  y le dispararon a quemarropa por la espalda. Los dos llegaron muertos al Hospital. El gobierno de Duhalde y los medios de comunicación se encargaron de presentar a la sociedad estos terribles como ‘una disputa entre piqueteros’. Hasta la fecha, los responsables políticos continúan impunes.

Dario y Maxi eran dos militantes populares que, en el medio de un contexto de profunda desocupación, pobreza y exclusión, se sumaron a la lucha de lxs de abajo. Eran piqueteros, sin temor a decirlo: de los que se tapan la cara y cortan rutas. De esos que cantan y agitan banderas detrás de columnas de humo negro. De los que laburan en cooperativas, haciendo huertas y bloqueras. Eran pibes que luchaban por generar algo nuevo en esos lugares que el Estado y la sociedad abandona. 

A 16 años de la masacre, seguimos recordando a los compañeros fusilados, sus asesinatos son la representación concreta del accionar represivo del Estado, capaz de asesinar para garantizar el statu quo. A Darío y Maxi los mató el gobierno 

porque luchaban por una vida digna para lxs de abajo, y por eso sus caras se volvieron la bandera de todo el Movimiento Piquetero.

La lucha de Maxi y Darío está presente en estos días de huelga y manifestaciones. El insostenible modelo económico que impulsa Mauricio Macri hizo que hasta la burocracia sindical tuviera que convocar a un paro nacional. En Corrientes ya no se puede ocultar el malestar social: ayer la policía de Gustavo Valdés reprimió a docentes e integrantes de movimientos sociales. En toda la Argentina una jornada de combatividad pese la latencia de la represión.  Los ecos de viejas gestas (como el Correntinazo del 99, el Argentinazo de 2001) vuelve a nosotres y piden ser evocados ante una generación nueva que nació después y que ahora libra sus propias batallas. Olvidar a Maxi y Dario haría imposible entender el escenario actual de ajuste y represión; recordarlos es una manera de mantener vigente ese fuego que su valentía y solidaridad desató.

 

 

¿Por qué las caras tapadas?
“Vemos que la capucha es el símbolo de rebeldía que tenemos, en el sentido de que este gobierno a nosotros para dejarnos sin trabajo no nos mira a la cara. Cuando no tengo qué darle de comer a mis hijos, tampoco viene un funcionario público acá y me mira a la cara y me dice: Tomá, dale de comer. El gobierno no da nada, sino que al revés: te quita siempre. Entonces sí: somos rebeldes y nos tapamos la cara”.

 

*Extracto del documental: Dario y Maxi Presentes. (2012)

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