Feminismo de abajo: anarquista y popular

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Por Silvana Romero*

La Antonia vive en el asentamiento del Barrio Galván. Hace unas semanas le sacaron a su beba de seis meses por ser pobre. Se la llevó un pariente suyo que tiene una casa y un trabajo, una mejor situación económica para darle a la criatura una ‘’vida más digna’’. Las compañeras de la Anto se organizaron para ir rápido a la comisaría:

-Ya traéme acá un patrullero para ir a buscar a la bebé, esa criatura tiene que estar con su madre.

-¿Usted es abogada? Pregunta la oficial

-No. Somos de la Asamblea de Géneros de la F.O.B y nos vamos a quedar a dormir acá si es necesario hasta que le devuelvan su hija a nuestra compañera.

La comisaría de la mujer envió rápidamente un equipo al barrio para hacer el “sondeo vecinal’’ y también asistentes sociales a verificar qué tan pobre, qué tan miserable, es la casa de la Anto. En menos de 12 horas la beba volvió a los brazos de su madre.

Es que el tema no es abortar o no abortar, parir o no parir: el problema es ser MUJER POBRE.

Criminalizar la insumisión, política de estado

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Ese fuego sigue creciendo: es fulgor de lucha callejera. Combinación en combustión de bronca, indignación y conciencia clasista. Ante la intensificación del ajuste, El estado -en todas sus esferas- recurre a la criminalización y la represión como mecanismo disciplinador. Durante la jornada del lunes 28 de mayo, el centro de la ciudad de Corrientes tuvo un movimiento atípico, augurio de lo que viene: tres marchas simultáneas contra la gestión Macri-Valdés-Tassano. El incremento de la conflictividad social y la aplicación de políticas represivas y criminalizantes ante la creciente insumisión civil.

Las formas de aplacar lo que flagra

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Al tiempo que publicábamos  una nota denunciando el incremento de la represión policial hacia la juventud pobre de Corrientes mediante la aplicación de las “reglas de procedimiento en caso de flagrancia”, leímos que el Observatorio de Conflictos Sociales del NEA expresaba su preocupación ante la presentación en cámara de diputados de un proyecto para una nueva Ley Antipiquetes, impulsada por el gobierno chaqueño. Provincias hermanas, iguales pero distintas: Chaco y Corrientes sienten, cada a una a su modo, el piedra libre a la mano dura de la gestión nacional Macri-Bullrich-Garavano.

Al patriarcado lo derrumbamos nosotras

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Gracias hermana. Gracias a vos, por tu voz; porque cada voz que se suma nos fortalece. Gracias por hablar, porque cuando hablamos hacemos callar al mundo. La justicia social la estamos construyendo nosotras: de a uno van a ir cayendo.

 

 

Lo hermoso del feminismo -además de ser espacio de refugio y deconstrucción para muchas- es su capacidad de organización y convocatoria: nuestras mejores armas para salir al campo de batalla. No dudamos de los testimonios de nuestras compañeras, aunque no las conozcamos ni las hayamos visto jamás. El accionar es inmediato porque somos conscientes del dolor que supone pasar por una o varias situaciones de violencia machista. Porque conocemos el peso de la culpa con la que nos crían. Porque creemos firmemente que LO PERSONAL ES POLÍTICO, lo que quiere decir que la experiencia de una no es un “hecho aislado” o “de mala suerte”, sino que responde a un sistema cultural y político de dominación: el patriarcado, del cual TODAS -de una u otra manera- somos sobrevivientes. Como escribe Virginie Despentes en su manifiesto Teoría King Kong:  La violación es un programa político preciso: esqueleto del capitalismo, es la representación cruda y directa del ejercicio del poder”.

EL PASADO, MUY PRESENTE

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LA VIOLENCIA DEL ESTADO A 42 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO-MILITAR-CLERICAL

 

Voy en bici por calle Elías Abad, a contramano. Un viernes a la noche. Llegó a avenida Teniente Ibáñez; la entrada al barrio Trujillo: la plaza Los Caballos, único lugar que conozco en Corrientes donde santuarios al Gauchito Gil son troncos de Palos Borrachos. Una camioneta negra -luces apagadas, patente invisible- dobla, y chirrían las llantas al raspar el asfalto. Sigue veloz, en dirección contraria al cráter que está una cuadra al fondo; ese negativo de una postal de la rotonda de Costanera Sur. A los segundos lo perdí de vista: el espectro se evanesió en el suburbio.
¿Qué hacían? ¿Quién los controla? ¿Qué haría yo si me pararan? ¿Esto es “seguridad”? Pienso, pedaleo, me alejo…