Nos negamos a morir en la cárcel

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Por SEGUNDO DAVID PERALTA 

Ingenua creencia en la legalidad, la de pensar que “las cárceles serán sanas y limpias, no para castigo ni tormento de los reos”. La cárcel es un invento moderno para correr del eje de la “justicia”  de lo particular a lo público, del suplicio al disciplinamiento y la correción: ya no apalear en la plaza a modo de condena ejemplificadora sino encerrar, vigilar y castigar. Adentro el Estado tiene margen de desplegar todos sus vejámenes sin provocar la indignación popular aún cuando el resultado es un asesinato. Y es que como dice Silvestri- la prisión, en tanto proyecto humanitario para la reinserción social, nace muerta.

La otra cara de la pandemia: represión y muerte en la cárcel

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En la silenciosa siesta de cuarentena ese martes 21 de abril 2020 en la cárcel (Unidad N°1) de Corrientes se escucharon ráfagas largas de disparos y gritos de auxilio.  Unos minutos de la tranquilidad forzada, la avenida 3 de abril vallada por la policía y las sirenas de veloces camionetas de las fuerzas especiales. Afuera familiares de los hombres privados de su libertad, queriendo saber qué pasaba. A uno de los ellos, llamado José María Candia, de 22 años, lo sacaron muerto tendido sobre una plancha de acero y tapado con un escudo rojo. No lo mató el coronavirus sino  un penitenciario de tres balazos de plomo.

Las formas de aplacar lo que flagra

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Al tiempo que publicábamos  una nota denunciando el incremento de la represión policial hacia la juventud pobre de Corrientes mediante la aplicación de las “reglas de procedimiento en caso de flagrancia”, leímos que el Observatorio de Conflictos Sociales del NEA expresaba su preocupación ante la presentación en cámara de diputados de un proyecto para una nueva Ley Antipiquetes, impulsada por el gobierno chaqueño. Provincias hermanas, iguales pero distintas: Chaco y Corrientes sienten, cada a una a su modo, el piedra libre a la mano dura de la gestión nacional Macri-Bullrich-Garavano.