EL PASADO, MUY PRESENTE

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LA VIOLENCIA DEL ESTADO A 42 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO-MILITAR-CLERICAL

 

Voy en bici por calle Elías Abad, a contramano. Un viernes a la noche. Llegó a avenida Teniente Ibáñez; la entrada al barrio Trujillo: la plaza Los Caballos, único lugar que conozco en Corrientes donde santuarios al Gauchito Gil son troncos de Palos Borrachos. Una camioneta negra -luces apagadas, patente invisible- dobla, y chirrían las llantas al raspar el asfalto. Sigue veloz, en dirección contraria al cráter que está una cuadra al fondo; ese negativo de una postal de la rotonda de Costanera Sur. A los segundos lo perdí de vista: el espectro se evanesió en el suburbio.
¿Qué hacían? ¿Quién los controla? ¿Qué haría yo si me pararan? ¿Esto es “seguridad”? Pienso, pedaleo, me alejo…

Morir en la cárcel

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Reflexiones e ideas sueltas sobre la (des)atención de la salud hacia quienes sufren pena privativa de la libertad en las cárceles de Corrientes. Casos y cosas que unx ha visto y escuchado.

Es sabido que el Estado debe asegurar la debida atención de la salud de las personas que están bajo su custodia por estar privados de la libertad. Ahora bien, más allá de lo meramente enunciativo de los deberes internacionalmente contraídos sobre el resguardo de la salud de los privados de la libertad: ¿Cómo se accede a una adecuada atención médica, cuando todo está mediado por el servicio penitenciario? ¿Cómo hace un detenido si está en un pabellón de aislamiento, encerrado por más de 22 horas al día, bajo llave y con la sola y única injerencia del celador? Aquí el primer filtro.