“En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria”

Eduardo Galeano

El 24 de marzo de 1976 un golpe de Estado sumergía a la Argentina en el infierno totalitarista. El miedo al otrx fue el mayor aliado para militares, civiles y curas genocidas (y para el plan económico de fondo aplicado que agudizó la estructural desigualdad de este país). Hoy, a 44 años distancia, nos encontramos frente lo que organismos de Derechos Humanos y organizaciones sociales llaman Estado de Excepción: la suspensión (no necesariamente total) de las garantías constitucionales bajo el argumento de una inminente catástrofe. 

La crisis global desatada por la circulación del CoVid-19 ha sido el detonador del “aislamiento social preventivo y obligatorio” dispuesto por el gobierno nacional que invocando a la democracia ha ordenado la militarización de ciudades y la detención arbitraria de decenas de miles de ciudadanxs. Muchxs insisten en las redes y los medios con el #QuedateEnCasa sin considerar la situación de privilegio que implica y que excluye a trabajadores informales que se cuentan entre lxs 16.060 detenidxs reportados hasta anoche por la CORREPI y otros organismos. En Corrientes eran al menos 573 y en Chaco más de 1200.

El terrorista de la dictadura es hoy el negro, el pobre, el villero

Desde Cara Tapada aportamos, en este nuevo aniversario que nos pone en un escenario tan paradójico, este texto que reúne las voces de cuatro mujeres -militantes de dos generaciones: las que vivieron y padecieron la dictadura y las que nacieron y luchan en democracia- a las que entrevistamos en esta última semana. Sus puntos de vista convergen y divergen pero resultan imprescindibles para mantener activa la Memoria en tiempos de encierro.

EL ENEMIGO INTERNO

“La lucha por la plena vigencia de los Derechos Humanos no debiera agotarse en la memoria y el reclamo de justicia por los delitos cometidos durante los años del Terrorismo de Estado”, nos dice Hilda Presman de la Red Corrientes de DD.HH. En Argentina una cuarta parte de la población ocupada vive del “trabajo independiente”, tendencia que viene desde los 90s pero que se ha acelerado en los últimos años con la precarización y atomización laboral. 

En Corrientes, de las provincias más pobres, la proporción se magnifica. “Sobre estos sectores se descarga no sólo el impacto económico de la recesión por cuarentena sino también la furia represiva”, reflexiona Hilda. Y agrega: “son los que han ligado de arriba esta pandemia, no son parte de la población que volvió del exterior trayendo el virus y no han recibido medidas económicas de mitigación: sólo control  y represión. Son los millones de precarizados, cuentapropistas, changarines que son los que mueren diariamente sin espectáculo televisivo por hambre, dengue o gatillo fácil”.

Son días donde la paranoia por el virus intenta romper los últimos lazos sociales que nos quedan: se prefiere interactuar sólo con pantallas antes que hablar con el/la/le que está al lado.

Milagros González, militante de Pan y Rosas, vive en un barrio donde a diario la policía persigue pibes: “el terrorista de la dictadura es hoy el negro, el pobre, el villero”, nos dice. Y sigue: “se mira para otro lado cuando las víctimas son pibes. En mi barrio escuché muchas veces la policía entrando a tirar perdigones. También hubo el terrible fusilamiento de Exequiel Riquelme, que tenía 14 años: la policía lo persiguió y baleó cuando estaba de rodillas refugiado en la casa de un vecino. Así miles de casos”.

Ese miedo al otrx del que habla Milagros lo vivimos con intensidad estas últimas semanas en que la propagación del CoVid-19 se tornó inexorable en toda la región latinoamericana enardeciendo la xenofobia, caldo de cultivo fascista. Son días donde la paranoia por el virus intenta romper los últimos lazos sociales que nos quedan: se prefiere interactuar sólo con pantallas antes que hablar con el/la/le que está al lado. Son momentos de afianzamiento de la organización colectiva (real y digital): lxs vecinxs no son lxs enemigxs, ni el gente que sale en bicicleta o en carro porque tiene que darle de comer a su familia, o la trabajadora sexual que se expone a todo para poder vivir el día a día. Lo peor que puede hacer la cuarentena es instalar un milico en nuestras cabezas.

Si bien la lucha por los DD.HH. tiene sus altibajos, nunca se terminará hasta que el último genocida sea juzgado y condenado igual que sus cómplices civiles. Como dice la consigna ‘¡A donde vayan los iremos a buscar!’

EL PASADO, BIEN PRESENTE

Judith Casco -militante de Montoneros, presa durante la última dictadura- sostiene: “Si bien la lucha por los DDHH tiene sus altibajos, nunca se terminará hasta que el último genocida sea juzgado y condenado igual que sus cómplices civiles. Como dice la consigna ‘¡A donde vayan los iremos a buscar!’. No es venganza, buscamos justicia, la que no tuvieron nuestros 30 mil compañerxs, la que nos tuvimos lxs presxs y exiliadxs”.

La situación de los Derechos Humanos todavía se encuentra muy débil y no hay el respaldo suficiente del poder judicial en lo que corresponde a los juicios y a su resolución.

Por su parte Hilda -ex militante del Partido Comunista, quien también estuvo detenida por su actividad en esa época- opina: “Hay una  visión muy generalizada en el progresismo de asociar la defensa y lucha de los Derechos Humanos en democracia casi exclusivamente con la lucha de los organismos por Memoria, Verdad y Justicia. La trascendencia y masividad del movimiento de DD.HH. en defensa de la vida y la libertad inicialmente fue bandera de víctimas y familiares bajo las consignas: ¡Con vida los llevaron con vida los queremos! y ¡Que digan dónde están! Una lucha con la que empatiza buena parte de la sociedad que pide NUNCA MÁS Terrorismo de Estado”.

“Tuvimos un gran retroceso con las leyes de indulto y punto final pero las organizaciones de DDHH no bajamos los brazos. Es así que se condenaron a unos genocidas pero no está terminado, esta fue una dictadura cívica, militar y eclesiástica y muchos no pagaron la culpa todavía”, dice Judith. Por su parte, Hilda considera que “los juicios fueron medidas de gran impacto, que continúan en el tiempo con avances y retrocesos, tan es así que quedan aún pendientes de juzgamiento centenares de genocidas, muchos impunes por fallecimiento sin ser juzgados, o con prisiones domiciliarias”. 

Bárbara y Milagros son jóvenes militantes sociales nacidas después de la caída del último gobierno de facto: hijas de la democracia

“La situación de los Derechos Humanos todavía se encuentra muy débil y no hay el respaldo suficiente del poder judicial en lo que corresponde a los juicios y a su resolución, mucho más cuando es el mismo gobierno el que pone las trabas para tapar todo y lavarse las manos. Hay sentencias que no están firmes y tramos pendientes de juicio”, expresa Bárbara Prieto, de la Federación de Organizaciones de Base (F.O.B). Para Milagros “hace años hay un consenso de gran parte de la población en que los Derechos Humanos no se negocian. Las movilizaciones contra el 2×1 demostraron que el terrorismo de Estado es algo inaceptable” 

Barbara y Milagros son jóvenes militantes sociales nacidas después de la caída del último gobierno de facto: hijas de la democracia. “Creo -dice Milagros- que con cada nietx e hijx recuperadx o cada vez que se intenta pasar sobre los derechos conquistados, el pueblo se moviliza masivamente por Memoria, Verdad y Justicia y contra la impunidad de los genocidas. Eso es un avance, es una muestra de que las luchas obrero-estudiantiles que quisieron callar y aniquilar siguen vivas y no se olvidan. Los pasados gobiernos progresistas tomaron medidas importantes pero estaban activos miembros de las fuerzas represivas que participaron de la última dictadura y los archivos tampoco se abrieron para investigar a todos los responsables, para saber qué pasó con lxs hijxs y nietxs apropiadxs”.

LO QUE MACRI NOS DEJÓ

“La lucha de Madres y Abuelas fue un modelo a seguir”, nos dice Judith, y continúa: “Cuando miramos a nuestros vecinos Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil que sufrieron tiranías muy crueles y les cuesta avanzar en la búsqueda de justicia como sí sucedió en la Argentina. Con el gobierno de Macri apareció el negacionismo, el ataque a los murales, el vaciamiento presupuestario a lugares emblemáticos como la ex-ESMA. Pero a su vez las Abuelas siguieron encontrando nietxs, el pueblo se movilizó masivamente cuando propusieron el 2×1 a los genocidas aunque con lentitud continuaron los juicios. Por ejemplo el de la contraofensiva de Montoneros en 1979 y 1980 donde fusilaron a muchxs compañerxs”. 

Los casos de Rafael Nahuel, Santiago Maldonado y Facundo Ferreyra mostraron la política de mano dura en su más cruda expresión. Pero no eran prácticas nuevas para las fuerzas represivas que ya tenían antecedentes con Luciano Arruga, Miguel Bru, Ezequiel Demonty, y otros tantos pibes asesinados por la policía.

“En la institucionalidad democrática -dice Hilda- de estos últimos 37 años, las desigualdades sociales, la voracidad de los sectores de poder y el uso del aparato represivo del Estado en favor de los intereses de unos pocos se ha sostenido en el tiempo adoptando nuevas formas. Pero la ralentización se agudizó en los 4 años de gestión macrista, profundizando una  línea descendente que pretendió la impunidad de los genocidas con el planteo del 2×1, maniobra que se logró parar con masivas movilizaciones populares en todo el país”.

Cuando vino Macri nos dimos cuenta cómo es el gobierno cuando lo maneja alguien que nunca pasó hambre, dejándonos a lxs pobres en la miseria y el país en la ruina.

En consonancia, Milu reflexiona: “Durante el gobierno de Macri la violencia por parte de las fuerzas represivas recrudeció, y el discurso negacionista volvió a escucharse. Los casos de Rafael Nahuel, Santiago Maldonado y Facundo Ferreyra mostraron la política de mano dura en su más cruda expresión. Pero no eran prácticas nuevas para las fuerzas represivas que ya tenían antecedentes con Luciano Arruga, Miguel Bru, Ezequiel Demonty, y otros tantos pibes asesinados por la policía”. Barbara -militante de una organización territorial que, como otras, en los últimos años ha sido blanco de reiteradas acciones represivas por hacer piquetes o militar en sus barrios-, cuenta: “Cuando vino Macri nos dimos cuenta cómo es el gobierno cuando lo maneja alguien que nunca pasó hambre, dejándonos a lxs pobres en la miseria y el país en la ruina. Despidos masivos, entrega del país a los buitres, persecución a pueblos originarios, a lxs militantes, a las presas. La violencia institucional censurada por la prensa, violación de los derechos de las mujeres, lesbianas, trans y travestis. Ese gobierno fue el reflejo de lo que pasó en esa etapa oscura de la Argentina”. 

Actualmente -dice Judith- les jóvenes son quienes están trazando la huella con las luchas por los derechos de las mujeres ancestralmente vulnerados y pisoteados.

PUEBLO, CELOSO GUARDIÁN 

“Con la recuperación de la democrática -dice Hilda- hubo una persistencia en el reclamo de juicio y castigo pese a las pretensiones del punto final, obediencia debida y los indultos presidenciales de Menem. En respuesta a ese fuerte mandato popular por Memoria, Verdad y Justicia se produce la apertura  de los juicios a los genocidas. ¿Qué decimos con esto? Que la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia y los logros obtenidos que hacen a la Argentina vanguardia en relación a otros países de la región no son concesiones del gobernante de turno, sino el fruto de la conciencia social de un pueblo, su celoso custodio, para que no haya retrocesos. Algo parecido viene ocurriendo con algunas luchas muy caras al pueblo argentino como sucedió con la defensa del agua en Mendoza o el movimiento feminista por la igualdad de derechos con el #NiUnaMenos y Educación Sexual Integral e Interrupción Voluntaria del Embarazo”.

También se vulneran derechos durante las tomas de tierras y en los asentamientos al desalojar familias que no tienen un lugar para vivir, criminalizando la pobreza.

“Actualmente -dice Judith- les jóvenes son quienes están trazando la huella con las luchas por los derechos de las mujeres ancestralmente vulnerados y pisoteados: el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, acabar con los femicidios, que el aborto sea legal y gratuito y que las mujeres podamos ir vestidas como queremos en todo momento sin tener el miedo de no regresar a nuestra casa sanas y salvas; también los derechos de los pueblos originarios que fueron masacrados durante siglos; o el derecho a decidir sobre nuestra sexualidad más allá del género, la libertad sexual. Todo esto sin olvidar el desastre del  liberalismo salvaje que asoló a todos los pueblos de países emergentes o subdesarrollados y el desafío de cómo enfrentarnos a la pobreza con las connotaciones que implica la carencia de servicios públicos básicos como luz, agua, cloaca, el alimento, la salud o la educación”. 

“En el último tiempo hubo conquistas, como el matrimonio igualitario e identidad de género, pero los retrocesos siguen siendo los más importantes: más violencia institucional y femicidios”, opina Bárbara. “En los psiquiátricos -continúa- se encuentran en situación de abandono de persona, trato humillante y privados de la libertad. También se vulneran derechos durante las tomas de tierras y en los asentamientos al desalojar familias que no tienen un lugar para vivir, criminalizando la pobreza. Los derechos indígenas encuentran más obstáculos para acceder a la justicia, la tierra, la educación, la salud y los servicios básicos. Y también está la cuestión de los derechos a la mujer: ahora luchamos por la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito. Por eso, sean políticos o militares, nos vamos a manifestar contra cualquier tipo de represión: debemos luchar por nuestros ideales de libertad, igualdad y justicia social”.

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A pocos días del 24 de Marzo, recordamos algunos motivos por los cuales es necesario seguir insistiendo en la importancia de esta fecha y de lo que representa: una violencia pasada que continúa vigente en otras formas. . #24M #24Marzo #memoria #verdad #justicia #son30000 #ddhh #derechoshumanos

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“Lucho -asegura Milagros- porque creo que en un mundo sin necesidades sociales insatisfechas, sin desigualdad, sin exclusión no son necesarias fuerzas represivas del Estado, cuya  función nunca ha sido la protección sino mantener el orden del estado burgués y desigual”.

El derecho a la salud, en jaque por la pandemia, nos muestra un país devastado por la desigualdad social que no tenia la salud pública como prioridad.

¿QUÉ REPRESENTAN HOY LOS DD.HH.? 

Este 24 de Marzo nos encuentra aislados -lo implica reinventarse y ser creativxs- pero fundamentalmente reflexionando sobre los Derechos Humanos en el panorama actual. Sin perder de vista jamás ese luminoso faro que es la memoria histórica, repensar la cuestión es fundamental. Vivimos en una sociedad donde los derechos no están garantizados y esto se debe no sólo al Estado de excepción sino también al modo de producción capitalista (extractivista, patriarcal y colonialista) que nos ha llevado a esta instancia crítica. Pensemos: si hasta este virus que nos estresa por ser una “amenaza mundial” es letal en las personas mayores, justamente las “inútiles” para este sistema que considera la vida humana como fuerza de trabajo descartable y reemplazable. 

Sabemos que la lucha de clases es central: mientras no tengamos equidad e igualdad en el mundo no habrán derechos humanos.

“El derecho a la salud, en jaque por la pandemia, nos muestra un país devastado por la desigualdad social que no tenia la salud pública como prioridad, subordinada a los intereses de los grandes laboratorios y grupos empresariales farmacéuticos internacionales”, dice Hilda. Y concluye: “Esta  situación de base se agrava por el hambre, la reaparición de enfermedades que estaban en vías de erradicación, la falta de vivienda digna, alimentación adecuada, de soberanía alimentaria. Todas son luchas que mantienen en mayor o menor medida un hilo conductor: la respuesta represiva del estado”. “Los derechos humanos -coincide Judith- abarcan un sinnúmero de derechos: en este momento debemos ampliar nuestra mirada hacia derechos que siguen siendo vulnerados, lo que no significa para nada dejar de lado las secuelas de la dictadura. Sabemos que la lucha de clases es central: mientras no tengamos equidad e igualdad en el mundo no habrán derechos humanos”.

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